17 de marzo de 2013

Dos zapatos para aun pie

Me sobran los momentos para contar, las veces que te tiro esa mirada, que hasta la fecha no sé qué significa.
No se si lo has notado, pero hoy es martes. Y usualmente tengo derecho a probar la salsa agridulce, que resbala por tu brazo izquierdo.
A veces me abruma pensar que los días se comen solos, como mariscos bien cocidos, o tacos al pastor.
Últimamente no ha sido suficiente preguntarte si estas bien, porque lastimosamente se acabaron los días de carnaval, y no quieres gritarme en la cara lo estúpida que a veces puedo ser.
Quiero que entiendas que soy egoista, y que no quiero compartirte como si fueras una bolsa de chicharrones; no quiero sólo disfrutarte en el camino mientras hace calor, mientras espero con ansias la llegada. Lo que quiero es abarcarte todo y nunca dejarte ir; amarrarte a mi volkswagen como si fueras una lata de sardinas, y dejarte ahí colgando, justo como si estubiéramos recién casados.
Te hablo encerio cuando te digo que comenzaré a plantar los árboles que te dije, porque quiero tener sombra en el patio cuando te lea un cuento, o cuando escuche desde lejos cómo tocas las escalas en el piano.
Me has dado la libertad justa para decirte que desde año nuevo me partiste en tres, como un pastel de tres leches; condensada, evaporada, y la útima nunca he sabido cuál es.
Solo quiero decir, que talvés esa mirada quiera decir;
Gracias por convertirme en el mejor postre de cumpleaños que puede existir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario