30 de abril de 2013

Tenemos algo pendiente

Recuerdo que con euforia coloqué toda cosa posible en un pequeño baúl, busqué el candado más grande y lo enterré el algún lugar por el jardín de mi casa.
Un lugar que ahora mismo no recuerdo, pero que quisiera recordar.
No tengo idea ni siquiera de qué diablos hice con la llave.
Pero ya han pasado un poco más de dos años. Y mi más grande pesar, es que enterré todos mis recuerdos en ese pequeño baúl.
A veces no duermo de noche, porque pienso que algún voraz y desgraciado animal se está comiendo la madera de mi baúl, y deja expuesto a que todas las cosas que tiene adentro se arruinen y pudran.
También pienso que en algún futuro, alguien querra construir algún edificio, o un comercial sobre ese pedazo de tierra que esconde mi baúl, y que a la hora de hacer la excavación lo encuentren y lo tiren, porque no les dice nada, no como a mí.
Estoy harta también, de que siempre que regreso a casa, camino por el sendero que conduce a la puerta principal y paso viendo inevitablemente por todos lados tierra y grama. Y pienso, que por algún lugar de esos, está mi baúl, enterrado. Y que mientras voy caminando me critica y se burla de mí.
Razones son esas, que no comprendo. Pero por eso mismo lo enterré, porque posee tantas cosas que no entiendo en él que simplemente me da miedo. Pero aunque me den miedo, ese pequeño y sepultado baúl, sigue siendo mi baúl, y yo misma lo enterré, así que de nada me puedo quejar.

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