A la mañana siguiente me seguía sintiendo liviana, como una
hoja de verano frío. El sentimiento en tres segundos se fue, y me hizo
regresar a la normalidad. Incorporarme y voltear a ver mis pies, unos dedos
regordetes sin zapatos. Una vez alguien me dijo que tenía recuerdos de mí,
usando calcetas rojas con zapatos rojos. Ese tipo de personas uno nunca las
olvida.
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