23 de septiembre de 2013

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Son las seis de la mañana
y tendré que usar mis botas de hule

Cargar tres, cuatro, cinco cuadras
con lloriqueos anticipados
de silencios rebeldes a entender

Abriré, rasgaré y romperé
lo más profundo que pueda
¿podré?
Una abertura, un orificio,
no, todo un pozo
Y dejare hundir
las pestañas que caen solas,
recortes de uñas,
y demás artificios liberados por autonomía.
Por tiempo,
de vidas que tuve hace cinco o seis minutos

Entierro.

No solo a esa persona
sino, todas las ideas que tuve de él

También.

De lo que acontece

Desde hace algunos años
llevo escondido al diablo en mi bota derecha
esa con la que me pongo de pie cada día
la que marca pasos ambiguos
de una vida ya definida

Yo soy inmortal, pero me muero a diario

Por eso mi mente sentencia mi energía
y esconde al diablo dentro del sillón de mi oficina
donde doy la cara y la moral cada día
igual como el niño pobre enfrenta la falta de pan en su barriga
yo le temo a la muerte
más, a la muerte de mi muerte

A cada paso que doy
el diablo me acompaña
dentro de realidades que no son más que sueños
y verdades que no son más que cuentos
recuentos de adioses que con anticipación anuncian su regreso
de madrugadas con desvelo
y finales incongruentes
donde el diablo justifica
que yo, en mi historia;
maté y después me mataba

¡Dios mío! Pero si Dios no existe

Solo existe el diablo