29 de julio de 2013

Candelabro

Yo estoy pensando.
Estoy aquí. Yo, soy un ente pensando que se pensó a sí mismo. Tengo calor, frío, miedo. Soy un yo transparente subjetivo. Observo desde estos ojos, nada más desde aquí y todo se ve desde cierta manera propia, mía. Dudé y vi que dudaba. Esta voz interna que me habla pertenece a una íntima forma de saberme. Mi yo, mi ser, mi esencia, mi alma, no la descubrí yo, yo mismo la soy. Y así conozco el resto, no puedo negármelo. Encuentro mi sujeto, dentro mi pura subjetividad.
Yo estoy pensando.
Mi comida, mi salario, mis guardaespaldas, las bartolinas. Yo estoy dentro de mi cubículo, de los cubículos, de los niveles del edificio, de los edificios, del país, de los países. Un paracaídas, el presidente de la república, el teléfono celular, el DPI. Mi cuerpo es mi materia y no es la silla, tu materia, tu cuerpo, la jirafa, la taza, o el café. El papa, la contraseña del correo, la huella digital, el vidrio polarizado. Veo en el programa de las seis la vida de Ernesto, Alicia, Romina, Antonio, Leonardo y Ángela. El alambre espigado de mi casa, mi pasaporte diplomático, mi habitación, mi almohada. Cruzo por una puerta para entrar, y vuelvo a cruzar para salir.

Yo estoy pensando.

3 de julio de 2013

Eso de dormir es para aquellos que no extrañan.

A la mañana siguiente me seguía sintiendo liviana, como una hoja de verano frío. El sentimiento en tres segundos se fue, y me hizo regresar a la normalidad. Incorporarme y voltear a ver mis pies, unos dedos regordetes sin zapatos. Una vez alguien me dijo que tenía recuerdos de mí, usando calcetas rojas con zapatos rojos. Ese tipo de personas uno nunca las olvida.

July

Desperté dando dentro de mi cabeza tres giros y medio. Ayer me dijeron que estaba muy perdida, que dormir demasiado era de enfermos.
Yo encuentro la felicidad en pequeñas cosas que me da la vida. En migajas incompletas de fuertes ventiscas. Amenazadoras verdades que solo traen avisos de una mala temporada.
Me encerré tres años en un baúl, solo para ver si le encontraba algún sabor a la oscuridad. Pero resultó estar tan ensemillada como las fresas.
Siempre estuve en compañía, de pensamientos pervertidos y vómitos involuntarios. En algún lugar de su mente estoy, y ahí soy más que un sello de entrada o un ticket para el manicomio. Soy una golondrina que vive en los subterráneos, observa a los extraños y manda mensajes telepáticos a quien se atreva a cruzar mirada, con esos ojos de esfera de dragón que poseo. Llegó la parada final y tres giros y medio me tardó comprender a través de un radioscopio que había despertado.