31 de julio de 2012

Bienvenido a la nueva Era

Justo es decir que cuando te paras sobre el esenario puedes hacer cualquier locura, ya que ¿A quién rayos le importa? ¿no? Bueno, al público. Pero, ¿Quiénes son todas esas extrañas caras que te miran, te observan, te idolatras, te critican, te juzgan, y te adoran? Estamos entrando a la nueva era, al iniciol del colapso cultural, ideológico, paradigmático. ¿Tú que pensás hacer? ¿Estas preparado? Hay que tener en cuenta que venimos de una larga linea entrópica, que durante todo este tiempo nos ha hecho ambisios, y deseosos. Pero si figuraramos por un momento un mundo paralelo donde todo lo que quieres, anhelas o deseas se cumpliera, ¿Qué quedaría por hacer? ¿Qué quisieras entonces?.
Tal véz mi pregunta es un poco tosca, pues no te conozco tan bien, pero pregúntate tú. ¿Qué quieres hacer?, probablemente contestaras en tu mente algo como "comer cereal" o un burdo insulto. Pero yo me refiero a todo esto, todo lo que nos abarca la totalidad y el vacío juntos. Tú ante esto, ante todo esto. Todo esto ante tí. ¿Qué piensas hacer aquí?

13 de julio de 2012

Verano Local

Hey billy, will you be back home, before, earth starts rotating into darkness of cosmos?
Hey billy, will you be back home, before, distance of sunlight is short enough to get our eyes?
But billy is, already gone.
But billy is, already gone.

7 de julio de 2012

NichtWahr?

-¿Vos querés un esposo ó querés sexo?-
-Ese no es el punto....-
-¡¿Entonces?!-

5 de julio de 2012

Eoudus

Ayer me tumbé en la cama y vi hacia el techo,
respiré fuertemente y pude sentir cómo mis costillas se ensanchaban,
repití como atónita:
"este es mi mundo, soy existencia pura,
este es mi mundo, soy existencia pura"
Después del transe desperté, y seguía siendo yo,
me había quedado dormida más de doce.
Y entonces pensé, ¿por qué le busco un propósito a
cada día, si el día en sí no existe? Pienso que es una ilusión,
eso que los humanos suelen llamar hoy, ayer y mañana.
Es más bien un giro de 29km por segundo sobre el plano de la
eclíptica. La ocultación del planeta en lo oscuro del cosmos,
y no la subida o bajada del sol.

4 de julio de 2012

Rouge Iver

Recuerdo la nieve en tus pies,
el aire olía diferente,
estaba limpio o más bien no tenía olor.
Recuerdo que me sentía cómoda,
acogida por voz.
Que los árboles eran altos y blancos también,
y el frío era sólo un recurso para asombrarse.

Pero, bien, qué mas dá, si sólo recuerdo.

Un hombre viejo, no tan viejo, pero viejo.



El hombre viejo iba todos los días al banco, hacía la cola para sacar dinero del banco pero siempre olvidaba de firmarlo en la parte de atrás, de esto se daba cuenta hasta que llegaba a la casilla y tenía que pedir prestado un lapicero al que lo atendía ahí. Todos los días que el hombre viejo hacía esto el muchacho de la ventanilla se enojaba y como sabía que lo iba a ver al día siguiente le recordaba intentando ocultar su cólera -Señor, siempre recuerde firmar su boleta antes de venir-. Lo peor de todo es que al prestar el lapicero este siempre se lo quedaba, un lapicero nuevo para la colección. Después de sacar dinero el hombre viejo tenía que ir también cada día a la oficina de atención al cliente porque resulta que siempre tenía más de algún problema en su cuenta de banco, o eso creía él, o bien le hacían creer. En esa oficina una joven con una gran verruga en el cuello le atendía, pero tenía que esperar su turno en las sillas, en la última de estas o mejor dicho la primera. El hombre viejo veía desde lejos la verruga de esa joven y pensaba todo tipo de cosas; se imaginaba a él con la verruga en el cuello viéndose cada mañana en el espejo, se imaginaba a él en el consultorio del médico listo para que le quitasen esa verruga, se imaginaba a él quitándose de la verruga los cabellos negros –más negros que los de las otras partes del cuerpo- con una pinza, se imaginaba a él mordiendo esa verruga con sus dientes y destripándola en su boca. Cada asiento que se movía era un nuevo pensamiento sobre la verruga, hasta que llegaba al escritorio con la susodicha o susodichas mejor dicho. –Señor hay un problema en su cuenta de banco..- ¡la verruga!, pensaba él –tendremos que.. – ¡que grande es esa verruga! Seguía pensando –y por eso transferiremos..- ¡vaya, la verruga es como de color café! –y le garantizo que usted..- ¡y tiene un gran pelo negro, más negro que los demás! -¿Comprende señor?- le preguntaba la joven finalmente –lo veo mañana temprano para que sigamos con su caso-. El hombre viejo asintió y se despidió de la arruga, adiós verruga y se marchó a casa, deprimiéndose, resignándose de la vida, consternándose por el tiempo, indiferente a la existencia.
Al día siguiente el hombre viejo repitió todo el proceso: llenó de datos la boleta, hizo la larga cola de espera, -veía al joven de la ventanilla agitar su lapicero con habilidad y se preguntaba por qué- llegó por fin a la ventanilla y resultó que había olvidado firmar la parte de atrás de la boleta, así que le pidió prestado un lapicero al joven del banco, depositó su cheque y a continuación se movió hacia la fila de sillas de atención al cliente, listo par ver era verruga.
Estaba tan interiorizado en sus pensamientos sobre la verruga que no notó que se había sentado encima de un periódico. Al levantarse y moverse de la silla para correrse un espacio la señora de al lado le notificó –Señor su periódico- pero si yo no.. pensó y tomó el periódico, ¡Vaya!, ¡Encontraron tres muertos bajo un puente! Y comenzó a leer; muertos, críticas  del presidente, las críticas de transporte público, críticas del cumplimiento de la ley, nueva cantante lanza su disco, el ganador de la Eurocopa, pero antes el horóscopo, y leyó: “Aries; te estas encaminando hacia una buena oportunidad, cuidado con tus decisiones el día de hoy. El infierno a veces me sabe a gloria”. ¡Eso era increíblemente gracioso!, alguien había escrito “el infierno a veces me sabe a gloria” justo donde terminan los horóscopos y comienzan los anuncios de las personas muertas. El hombre viejo después de reírse tomó el lapicero que le había robado al muchacho de la ventanilla y escribió: “¿y el cielo, a veces a qué te sabe?” Se rio de lo que había escrito y continuo su recorrido hacia la verruga de la muchacha de atención al cliente.
De camino a casa se olvidó de todo el asunto y lo dejó así. Fue hasta el día siguiente cuando después de hacer lo del depósito, la firma y todo, se iba a sentar en la primera silla cuando se percató que otro periódico lo estaba esperando, se me hace que el destino no quiere que piense en esa verruga… ¡Vaya! ¡Encuentran tres muertos bajo un puente! ¿Acaso eso no fue ayer? ¿Era el mismo periódico entonces? Le dio vuelta a la hojas y siguió las mismas noticias, hasta que llegó al horóscopo y al anuncio de los muertos, vio las anotaciones y notó que alguien ponía algo en color rojo: “no, ese a veces me sabe a mierda”. Se rio de nuevo y contestó: “gloria para los ladrones y mierda para los humildes”. Prosiguió con la joven de la verruga, pero esta vez olvidó que la tenía, estaba concentrado en la respuesta que le habían dejado escrita en el periódico, ¿Quién sería? Al día siguiente había algo más escrito, y el hombre viejo respondió, así los días pasaron y pasaron y se había formado toda una conversación en el periódico del banco.
La misma mañana en la que el hombre viejo iba a decirle a su amiga de las notitas en el periódico que se encontraran, -porque sabía que era una mujer. Pero si era un hombre tampoco le importaba, no por poder el hecho de que le gustaran los hombres sino más bien, porque podía resultar con un amigo con quién charlar-. Ese día, estaba ansioso por leer qué le había dejado esa bella mujer escrito el en periódico –ahora era bella mujer-, pero cuando llegó a las sillas de atención al cliente un señora estaba leyendo la noticia de los tres cadáveres encontrados bajo un puente con cara de aturdida. El hombre viejo quería el periódico, quería ver qué le habían escrito hoy y ya se estaba acabando la cola porque también era un día en el que el banco no tenía mucha gente, pero la señora seguía leyendo arduamente esa noticia y su cara de aturdida iba en aumento. El hombre viejo estuvo a punto de decirle que no se emocionara tanto, que ese era un periódico de hace dos meses que mantenían en el banco sólo para entretener a los cliente que esperaban, hasta que vio que la señora mientras giraba de página sacaba un lapicero rojo de su bolsa. La primera reacción del hombre viejo no fue ver qué escribía la señora, sino más bien cómo se veía; era un poco bonita, con lindos ojos, maquillaje corrido, y pequeños labios ocultos por grandes dientes, era una señora, bien cuidada y con delicioso aroma a té. –Si todo esto comenzó con el infierno, me pregunto cómo terminará, ¿cómo se le ocurrió la frase tan curiosa?- preguntó el hombre viejo. -¡Ah! ¡Es usted! Vaya que sabía que era un hombre el que me respondía, eso sí, no me imaginé que sería de mi edad- le respondió la señora sonriendo lindamente. El hombre viejo le sonrió lindamente de vuelta, pero se quedó callado esperando a que la señora respondiera a su pregunta sobre la frase. –Esa frase tiene una gran historia, la encontré escrita hace varios años en una revista en la clínica a donde solía ir. Escribí algo divertido así como usted hizo, y al poco tiempo apuntamos nuestros números telefónicos y nos conocimos. Resultó que el dueño de la clínica revisaba las revistas cuando esperaba a sus clientes y por eso no tardó mucho en averiguar que era yo y darme su teléfono móvil. Esa frase se convirtió en cuarenta años de matrimonio y dos hijos, y cuando vi que el periódico se mantenía aquí dando vueltas, la escribí para recordar viejos tiempos-
El hombre viejo asentía y asentía, y se maldecía en su interior por ilusionarse tanto con ese juego. –Fascinante historia, me alegra haber seguido el juego y haber logrado conocer a la creadora de tan curiosa frase, le agradezco madame, que pase una feliz tarde- dijo el hombre viejo respondiendo y poniéndose de pie para platicar con la joven de atención al cliente, de quién se volvió a dar cuenta de su verruga, la gran y fea verruga.
Decepcionado pensó en la señora todo el camino de regreso a casa, la gente del metro no colaboraba en nada, todo el mundo estaba tan distraído y callado, como si fuera obligatorio estar en silencio. Pensándolo bien, se parecía un poco al banco, solo faltaba que el chofer tuviera una verruga grande y fea y el hombre de los tiquetes le prestara su lapicero por no haber firmado el tiquete. En eso vio un periódico vagabundo que le hacía ojitos desde el piso, lo pensó unos segundos, y finalmente entró en acción, tomó el periódico, abrió la página de los horóscopos y escribió: “cuarenta años de matrimonio y dos hijos a veces me sabe a infierno”.

2 de julio de 2012

Mentis idea


Continua mirada al pasado, idea imprecisa y mal planteada, un concepto metamorfoseado a recuerdo, que te puede ayudar a decirte de qué color eran tus pantalones ayer, son dos caricaturas para que mamá regrese de las compras, números poniéndose en diferente orden, tranquilidad cuando hace días que no lo conoces, el vacío y la nada juntos, el engaño social de lo que es la vida, el repartimiento para explotar a los trabajadores, el adiós de los malos recuerdos, causa del bocinar y maldecir entre los autos, causa por la cual los tickets se agotan, canal llamado vida, el agusano del espacio, la cuerda infinita, la dona confexionada de Lychi, lo que falta, lo que sobra, lo que necesitamos, lo irreal, lo indiferente, lo que nadie comprende y cree comprender, lo complicado y lo simple, los viajes, la permanencia, el regreso al pasado, la mirada al futuro, las dos películas de la noche, la luz del amanecer que es atardecer al mismo tiempo, el giro del planeta, el viaje del león por el cielo nocturno, las arrugas que crecen en mis manos, la muerte de mi abuelo, el nacimiento de una estrella, mi amor, mi temor. ¿qué es tiempo si no es nada de esto y todo a la vez?

Morir por la Boca

Sintonizó la primera estación de radio que encontró y dejó que las melodías comenzaran: Se paró frente al espejo y miró su cuerpo, las curvas de abajo y las pocas de arriba. Soltó su cabello y lo dejó caer suavemente sobre su tatuaje. Dejó caer lo que restaba de ropa y entró temerosamente a la ducha. Estiró su mano y giró el grifo, encendiendo la regadera al máximo poder. Las primeras gotas salpicaron su pecho provocando su contracción con levedad. Esperó unos segundo a que el agua se entibiara mientras movía los dedos del pie por debajo, controlando la temperatura. Cada vez estaba más caliente. Comenzó a masajear su cuello, cerrando los ojos y bajando con su mano poco a poco, pensando en él, en su cuerpo tan sensible al tacto, sus brazos musculosos, sus labios llenos de carne, su lengua el mejor afrodisiaco… Alguien había abierto la puerta y se estaba quitando la ropa. Fue entonces donde lo vio entrar con una sonrisa y cero temor. Ella rió bajo el agua y levantó sus brazos para recibirlo, él se abalanzó con fuerza hacia su cuerpo y acercó su cintura hasta más no poder. Le subía una mano por la espalda y bajaba otra por sus piernas, le mordía los labios y suspiraba con excitación. Ella metía persistentemente su pierna entre las de él, con las uñas le apretaba el cuello jalando su cabello, gemía lentamente y daba giros con la lengua entre su boca. Ambos se frotaban y aruñaban, se apretaban uno contra otro intensamente. Se desbalanceaban y caían contra la pared, el agua subía sus temperatura. Él metía sus dedos frotándola ágilmente, haciendo que se mojara cada vez más, ella se encargaba de girar con lentitud su cuerpo para que le dieran por detrás. Los gemidos eran cada vez más fuertes, hasta que la radio que había sonado persistentemente en el fondo de la escena los apaciguó cantando… “yo también como el pez, muero por la boca, por la tuya”. Él la mordía y ella gemía. Él la mordía y ella gemía. Él la mordía y ella seguía gimiendo. Los gritos de ambos le hacían el coro a la canción, hasta que alguien más la interrumpió. Ella escuchó esa presencia ajena que los veía a través del vidrio sucio. Pero fue hasta que la puerta de baño golpeó la pared cuando se percató, que su esposo estaba al otro lado de la habitación, viéndola coger con otro sujeto. Abrió los ojos fuertemente y tiró una pequeña carcajada, a veces se sorprendía hasta donde podía llegar su imaginación. Su esposo entrando en el cuarto de baño mientras ella lo hacía apasionadamente alguien más. ¡Bah! ¡Que drama! Imaginar ese tipo de cosas, la situación, las caricias, la canción con melodía, letra y todo. A pesar de haber sido una fantasía, el miedo que se reflejaba tras circunstancia, era el verdadero. Pero de algo estaba segura, si eso se diera, moriría definitivamente, por embustería, suciedad, mentira, delito y demás. Y sería su culpad, provocada por Fernando, por su boca, atacando la de ella. Infringiría todo código posible, toda ética existente.
Siguió pensando y pensando, pero de una vez por todas tenía que dejar de fantasear, no tanto por la distracción, más bien por el miedo a que los pensamientos atrajeran el efecto. Limpió su mente, encendió la radio, se quitó la bata, llamó a Fernando y comenzó a calentar el agua. –¡Imagínate que viniera mi esposo, ahora!- Le decía riendo. –¡Cállate! ¡Eso nos faltaría!- Le respondía él besándola. Comenzaron la caricias y los gemidos. Y mientras él le metía el dedo, ella pensaba en esa canción, en Roberto entrando por la puerta, justo cuando llegaban al coro. Pensaba en la frase mezclándose con la boca de Fernando… Se río una vez más y sonrió con toda la malicia que pudo hasta que escuchó: “Yo también como el pez, muero por la boca, por la tuya”

Chicago



Después de tantos años hoy por fin te vi… Y no eras más que una hoja de papel, un libro del cual tenía muchas expectativas y con el prólogo ya me quedé. Ahora si me cabe pensar que tal vez todos tengan razón; la lluvia no solo es lluvia, es algo más. Todo depende de la perspectiva de cómo la observes.  Y realmente no me gustó como llorabas, la escena dramática no combinaba con el entorno y el personaje principal estaba mal ubicado. Tal vez el final sea bueno, o tal vez la mejor parte sea el capítulo 12, pero la letra es tan pequeña y confusa que ni siquiera me interesa leerlo.  Me recuerdas a esos textos que al mirarlos te hacen mala cara y no te atraen como antes lo hacían, pero a pesar de eso, abres la tapa para ver si hay algo que valga la pena y cuando miras la letra y los párrafos te parecen tan grotescamente unidos que sientes repulsión, desesperadamente das varios cambios de página para ver si por alguna extraña razón algo podría cambiar entre la historia, pero ya sabes que nada va a cambiar, y a pesar de eso tú sigues cambiando de página, solo para estar segura que todo sigue igual, y cuando por fin llegas al final en tu mente concluyes: “No, no hay nada que me interese”. “Nada que me llame la atención”. Admito que soy de las que juzga por el pequeño dibujo que hay al frente, o la forma en que el título se acomoda entre el espacio cuadrado, y siento mucho que sea así. Me dan ganas de decirte tantas cosas, pero en estos tiempos las drogas te tienen mal. Y no aguanto más el drama, llevo años diciéndote lo mismo, solo esperando para ver si algo cambia en ti. Tampoco deseo una segunda edición, lo que quiero es otro texto; el cual me lleve de viaje por Chicago, y me haga enamorarme de los tulipanes, por un chiste sin razón. Que sea de esas pequeñas cosas que te atraen tanto porque te recuerdan a quien amas, porque simplemente se siente tan bien, porque ya termine de pasar las páginas, y porque lastimosamente me salte el capítulo 12, pero si llegué al final, y concluyo que; no me interesas en absoluto, Chicago me llama más la atención.